miércoles, 9 de febrero de 2011

El susurro del viento.





Otoño en La Pedriza. Paco Castillo.



Corriendo por un remoto paraje, en algún lugar de Los Andes peruanos.

Me encanta la sensación de sentirme acariciado por el viento cuando corro por la Montaña. Lejos de sentirme un intruso que irrumpe bruscamente en la quietud, me fundo en una simbiosis perfecta  con la naturaleza, estoy seguro  de que no soy el único que percibe esto cuando el deseo te invita a perderte entre las cumbres.

En esa conexión espiritual que se establece con la montaña, la naturaleza te habla en un lenguaje que está hecho con la tierra, el viento, el agua, los animales, los árboles... y lo entiendes porque también está formado con tu silencio.

Pocas veces tu cuerpo y tu mente tienen la oportunidad de entablar un diálogo tan auténtico, lo hacen en pos de un mismo objetivo, seguir corriendo ante el reto y el desafío que escrutan tus ojos. La Montaña desafía tu insignificante presencia.

El duelo psicológico no tiene precio, es una de las sensaciones más estimulantes que conozco como deportista.

No puedo disociar correr por la Montaña con la soledad y el sufrimiento provocado por el esfuerzo, la soledad es una decisión que escojo voluntariamente, quiero ese momento para mí. El sufrimiento no lo escojo, es inevitable... pero no lo rehuyo, no puedo, no quiero, en la medida que sufres percibes el placer de una experiencia física y mental plena.

Y bueno, al fin y al cabo nunca estás del todo solo, el susurro del viento siempre me acompaña y me alienta a seguir avanzando ante la mirada petrificada de las rocas.

Un saludo.

6 comentarios:

  1. Que bonito es el campo :D
    Te acabo de conocer y te sigo
    Espero verte por mi blog :D
    Un beso

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  2. Ser, simplemente ser ¿en la naturaleza, con la naturaleza, o simplemente naturaleza? ¿Qué somos en ese diálogo con la naturaleza en que ella, a su manera, también nos interpela?
    Hermosa reflexión.
    Gracias.

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  3. Me ha gustado tu reflexión de esa carrera por la naturaleza, yo añadiría el ruido que hacen los pies al golpear el suelo, en algún momento la respiración y esa sensación de paz inmensa. Ese estar directamente comunicado como bien dices con la naturaleza, es como más se siente.
    Un saludo

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. A veces se necesita de la soledad y nada ni nadie te ayuda tanto como la montaña para alcanzar ese estado del alma. Te lo dice uno que ha nacido en un pueblo, pero que se ha transformado en urbanita.

    Lo de correr por la montaña no es lo mío. Prefiero el llano...

    Un abrazo, Paco

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  6. interesante tu forma de pensar y tu prosa

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